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Iconos urbanos o arquitecturas cercanas

Oct
06 2017
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Las referencias se quedan en el camino creativo

Sáenz de Oiza

Es bien conocida la tendencia de numerosas ciudades de crear iconos arquitectónicos contemporáneos como un jugoso reclamo publicitario. No obstante, el poner en valor lo existente y hacerlo desde una perspectiva diversa puede conseguir en algunas ocasiones resultados muy satisfactorios y, quizá, más convenientes. Este artículo no pretende ser polémico con la planificación de la ciudad, sino que tiene la ilusión de mostrar alguna particularidad propia de la arquitectura gótica de nuestra catedral, “La Seu”.

conceptos Hay un proverbio musulmán que dice que “Ninguna mezquita es suficientemente grande para agradar a Dios”. De forma opuesta, la evolución de la arquitectura religiosa siempre ha estado en función de la soberbia humana y, sobre todo, de la imagen del poder. La evolución de los llamados “estilos reflejan unos datos cronológicos y la tendencia a utilizar determinados recursos que en el afán de catalogar muchas veces, demasiadas, se han encuadrado en unas características que si bien son constantes, también son aproximadas.

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El arte gótico surgió como respuesta evolutiva del románico, sin embargo se deben conocer características del paleocristiano, el arte de las invasiones, el cisterciense y los posteriores renacimiento y barroco para poder comprender esta parcela cronológica tan presente en nuestra arquitectura.

La soberbia y necesidad de imagen de poder por parte de los monarcas en una época que se acababa el feudalismo, buscó la esbeltez en los monumentos más insignes. La relación entre altura y base de sustentación alcanzó sus máximos con los elementos estructurales más característicos, el arco apuntado u ojival, bóveda de ojivas y el arbotante (arco que bota), con ello se consigue que las estructuras trabajen a tracción y cada vez menos a compresión. Además, los pináculos sobre los contrafuertes realzan conceptos estéticos y funcionales.

Viollet le Duc enunció que en el gótico “el equilibrio de fuerzas sustituye al de estabilidad inerte”; es así como las bóvedas y sus nervios crean una estructura diáfana de elementos verticales que permiten liberar los muros y dejar aparecer la luz coloreada y simbólica de elevación, ingravidez, transfiguración y, en suma, desmaterialización.

disenso Nuestra vapuleada concepción estética olvida el colorido de Grecia y del románico.

No obstante la luz del románico existía y eran potentes focos de luz blanca casi cegadora y contrastada que recuerda el famoso Serapeum de Villa Tívoli, inspirador a Le Corbusier de su icónica iglesia de Ronchamp. En la capilla de la Trinidad de nuestra catedral se pronunció el “Fiat Lux” y se abrieron ventanales con vitrales que dieron esa luz teñida, matizada, a veces artificiosa que invita a la espiritualidad, pero los efectos especiales se consiguen asombrando más con las dimensiones que con el efecto lumínico.

En el S. IV, Concilio de Nicea, se estableció que el testero de las iglesias debía mirar hacia la luz 3naciente. Ello coincide, en Europa, con la Meca, pero la orientación canónica, no es por la construcción sobre antiguas mezquitas. Hay diversas excepciones en nuestra ciudad (San Francisco, Sta. Eulalia) que están más en la línea de causas urbanísticas que en la idea neoplatónica de la luz. En cualquiera de los casos es útil ver que el ábside de las catedrales está orientado hacia el este, que la portada de la fachada principal está orientado hacia el oeste y que la fachada sur por su benignidad meteorológica suele contener, cuando existe, un claustro como espacio de recogimiento más agradable.

En la construcción de una catedral entran a formar parte importante los adelantos técnicos de aquella época: cimbras, estereotomía, talla en serie y especialización de la mano de obra. Ello hace que se pueda incidir en la desproporción vertical y en la difusión del arco ojival, la bóveda de crucería, el arbotante y el pináculo. Todo ello era conocido, pero nulamente utilizado. Se establecen unas teorías, las dos primeras más clásicas pero debemos admitir que es la tercera la que sigue una lógica más en la línea de una evidencia socio-política:

  • Reforma Cister S. XI. Esta reforma buscaba en teoría pureza arquitectónica y, en su evolución, dio lugar al Gótico. Pero en ambos estilos es patente la soberbia arquitectónica.
  • Arte nacional francés. Île de France impone un estilo como imagen de poder que se va propagando por los países colindantes como paradigma de soberbia monárquica.
  • Los cruzados descubren tecnología ojival en Tierra Santa, todo ello en el S. XI y XII. Entonces es cuando importan y aprovechan los conocimientos para crear estilo propio en París y alrededores. Es paradigmático el convento armenio de Belén del S.

iconos La Seu, nuestra catedral es particular e icónica por diversos motivos, es una evidencia que no basta conocer sino que se debería potenciar. La palabra catedral viene de cátedra, vocablo griego, Seu-Seo-Sede, es vocablo latino, pero de la misma semántica en relación con la palabra “sentar”. Bajo la capilla de la Trinidad se contempla la magnífica cátedra que Gaudí restauró para el obispo Campins.

La esbeltez de nuestra catedral es encomiable, pero quizá lo sea más el genius loci el causante que su construcción, sobre la mezquita de la antigua acrópolis de Madina Mayurqa, fuera sobre unos pedestales diversos según la visual, desde el mar la muralla medieval o bien desde Es Baluard el magnífico pedestal de la Almudaina. De nuevo Le Corbusier, en los conceptos de “promenade architecturale” postuló que no es lo mismo acceder que entrar. Nuestra catedral no tiene una perspectiva proporcionada por una gran plaza, atrio o nártex, sino que al acceder por su portada principal, se vive una experiencia traumática al pasar directamente de lo profano a lo sagrado.

Ya en el interior, la esbeltez de los pilares solo es comparable a la basílica de Sta. María del Mar en Barcelona y la planta de salón, típica del Gótico Mediterráneo, no es tan evidente al ser las naves laterales un poco más bajas que la central que suma más idea de austeridad pretendida. Con sus aperturas y vitrales, muchos tras la reforma de Gaudí, proporcionan esa luz tan especial tanto en el día a día como en los fenómenos lumínicos del solsticio y equinoccio. Si se tiene la suerte de poder acceder a la capilla de la Trinidad, sobre la cátedra y el altar, la visual es mágica y difícil de imaginar en los primitivos arquitectos con la visión directa del baldaquino suspendido sobre el sencillo y espiritual altar.4

La reforma “en estilo” de la fachada principal, tras el terremoto que hizo desaparecer la anterior portada renacentista, fue encargada al arquitecto madrileño Juan Peyronet que también trazó la reforma posterior tan atribuida -en su totalidad- a Antonio Gaudí. No obstante, como reza la tradición, el obispo Campins encargó a Gaudí una nave para el pueblo y se quitó el coro de la nave central tan común en muchas catedrales castellanas, también pidió un altar para Dios utilizando la losa existente, unas columnas teutónicas y las cuatro columnas exentas, esculturas de ángeles músicos rodeados del antiguo coro. Tras eliminar el coro y el retablo barroco del presbiterio, se descubrió la cátedra -para el obispo- y los primeros volúmenes que enmarcan el altar.

El eclecticismo en estilos invita a pensar que la catedral -el arte en si- está en continua evolución. En la catedral hubo arte musulmán en la primigenia mezquita, se inició en el este la capilla de la Trinidad de ese gótico tan específico, se continuó con el gótico mediterráneo de características propias y especiales que fue cerrado en el Renacimiento por la fachada principal oeste, continuado con diversos retablos y coro barroco para llegar a las reformas neogóticas de Peyronet y modernistas de Jujol y Gaudí para, por fin y de momento, concluir en la intervención contemporánea de Barceló.

cercanía La creación de un icono arquitectónico urbano, es factible e incluso aconsejado para abordar una gran reforma urbanística. No obstante, cuando es patente la existencia de un ordenamiento muy característico y diversos símbolos de fuerte identidad, es posible que la conducta más adecuada fuera potenciar, realzar y comunicar arquitecturas cercanas, dotando de nueva oferta, alternativa y sorprendente a la que con frecuencia se ofrece. Aunar esfuerzos es la conducta más propia a fin de recuperar identidades propias y adquiridas.

El gótico palmesano tiene varios exponentes muy potentes, que ahora se pueden contemplar de forma panorámica en las terrazas de la Catedral, de la Iglesia de Sta. Eulalia u otros edificios singulares. Esa nueva visual en altura puede –aun– hacer más atractiva la percepción de espacios tan mediáticos en Palma, su arte evolucionado y, sin duda, su arquitectura. Ahondar en la continuidad de líneas de investigación del patrimonio existente, obligan a su exaltación, tanto en los programas de promoción como en la conciencia ciudadana.

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